Sun 06 Jun 2010 |
|
There are no translations available. INFORME: VISIÓN 7 INTERNACIONAL
La matanza que conmocionó al mundo ocurrió cuando un grupo de comandos israelíes asaltó el principal barco de una flotilla de ayuda humanitaria compuesta por otras seis embarcaciones, que había zarpado de Chipre con destino a Gaza, desafiando el bloqueo que Tel Aviv mantiene desde hace tres años contra ese enclave palestino, en el que se apiña un millón y medio de personas.
En la flotilla, una iniciativa de la organización no gubernamental turca de inspiración islámica IHH, viajaban parlamentarios de varios países europeos, incluyendo una diputada árabe-israelí de la Knesset; unos sesenta periodistas, cineastas, una sobreviviente del Holocausto de más de 80 años; y Ann Wright, una ex coronel del ejército estadounidense y vicejefe de misión en Afganistán. También viajaban en los barcos otros ocho ciudadanos de Estados Unidos, entre ellos Joe Meadors, un veWeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!e lo ocurrido en las primeras horas del lunes 31 de mayo y hasta cuatro días después fue parcial, ya que Israel estableció a partir de entonces un apagón informativo absoluto, confiscando teléfonos, cámaras y laptops de los grupos humanitarios atacados, y manteniendo incomunicados a los activistas, a los que confinó a cárceles en territorio israelí. El objetivo de esta estrategia fue obvio: permitirle ganar tiempo para instalar su versión de los hechos sin que nadie pudiera contradecirla. Una sofisticada operación mediática orientada a convencer al mundo de que las víctimas son en realidad victimarios, y de que sus asesinos sólo actuaron en defensa propia. Para ello, sabían que contaban con la colaboración de la vasta mayoría de la prensa internacional, sobre todo la estadounidense. Recién ahora, con la liberación de los detenidos gracias a un masivo repudio y presión internacional contra el estado judío, comienzan a reconstruirse los acontecimientos. Los propagandistas de Tel Aviv pretenden que se crea que decenas de comandos navales de elite, que se encuentran entre las tropas mejor entrenadas del mundo se vieron superados y obligados a luchar por su vida ante el embate de civiles desarmados. Y que se acepte además la versión de que la voluntad de organizaciones humanitarias internacionales de romper con el bloqueo con el que Tel Aviv castiga colectivamente a la población palestina de Gaza por el sólo hecho de haber votado al movimiento Hamas, es en realidad un “plan” de esa organización islámica y de Al Qaeda para “generar titulares de prensa” para su causa, aún a costa de decenas de muertos y heridos. Es la misma justificación que Israel ha empleado innumerables veces en el pasado cuando necesitó explicar su sistemática resolución de asesinar civiles, en Palestina y en El Líbano: las víctimas, se asegura, son “terroristas” o, en el mejor de los casos son usadas como “escudos humanos” por la resistencia palestina, por lo que les cabe “la culpa” por lo que termina ocurriéndoles. Pero ni esta coartada ni la de un supuesto error son plausibles aquí: la flotilla fue atacada de manera deliberada, con disparos de armas de fuego, en aguas internacionales. Por eso, ahora el objetivo de Israel es convertir a los integrantes de la Flotilla de la Libertad en “militantes”, término que es muy fácil de transformar pronto en “terroristas”, para luego enfocar el caso como si se tratara de un barco que transportara armas para los combatientes palestinos y no de grupos humanitarios que llevaban a la asediada población de Gaza alimentos, medicamentos, juguetes, sillas de ruedas, cemento y casas prefabricadas para paliar el implacable sitio y la destrucción a que los ha condenado el gobierno de Netanyahu, siguiendo los pasos de su antecesor, Ehud Olmert. La otra vía de escape argumental que creen poder instalar los israelíes para salir de la grave crisis internacional en la que están metidos es hablar de un “error” de inteligencia, de cálculo, de toda la operación. Para digerir esto hay que aceptar que las tropas más sofisticadas de Israel, entrenadas para dejar fuera de combate a cualquier enemigo, fueron enviadas a tomar la flotilla apenas con armamento policial, e incluso menos que eso, con inocentes pistolas de pintura, porque la inteligencia Israelí no sabía que los tripulantes del barco estaban “armados” con elementos tan peligrosos como bolitas de metal y caños, lo cual por supuesto sí explica porqué fueron asesinados casi una decena de ellos y ningún soldado israelí. Otro argumento insostenible fue el desplegado por el canciller israelí, el ultraderechista Avigdor Lieberman, quien sostuvo que “ningún país permite que una entidad extranjera amenace sus fronteras soberanas. Sin embargo, los barcos se dirigían a Gaza, un territorio palestino cuya autonomía Israel reconoció al retirarse unilateralmente de allí en 2005. Lieberman también aseguró que el israelí es el “ejército más moral del mundo”, lo cual parece significar que todos deberían estar agradecidos de que las tropas que atacaron la flotilla humanitaria se hubieran “contenido” para “solamente” matar a una decena de personas y herir a más cincuenta, en lugar de hundir directamente los barcos, como seguramente lo hubiera hecho una fuerza militar “menos ética”. Pero como señaló en un artículo publicado por el diario Haaretz el periodista israelí Gideon Levy, la narrativa de la máquina de propaganda de Israel sólo logra convencer, según sus propias palabras “a los israelíes de cerebro lavado”, y no al resto del mundo. Estados Unidos, que vio fracasar en un instante el ya débil armado de las conversaciones para reflotar el proceso de paz, hizo valer todo su peso para aliviar en lo posible a Israel. Por lo pronto votó en contra de una resolución del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas que condena al estado judío, adjudicándole toda la responsabilidad por el ataque a la flotilla humanitaria. Con Estados Unidos, también votaron en contra Noruega e ItaliWeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!!WeRecoverData.com error marker!! bandera turca y por lo tanto según las leyes vigentes, territorio de ese país, fue atacado sin motivo en aguas internacionales por tropas militares a las órdenes del gobierno de Tel Aviv, que emplearon una fuerza letal contra personas desarmadas. Eso basta para condenar a Israel, y es lo que entendió la mayoría de los países que votaron a favor de la resolución. El documento también demanda el levantamiento del bloqueo, único punto sobre el que Washington se pronunció con algo menos ambigüedad. La decisión de atacar militarmente un barco humanitario, cuando hubiera sido mucho más fácil operativamente y con un costo político infinitamente menor, bloquear el acceso de la flotilla al puerto de Gaza, muestra a una dirigencia israelí peligrosamente aislada de la realidad, que no vacila en ponerse en riesgo de romper relaciones con Turquía, el único aliado real que tiene en el mundo islámico, y de profundizar el aislamiento internacional en el que se hunde cada vez más nítidamente, sobre todo desde la última guerra del Líbano en 2006. Incluso en Estados Unidos, uno de cuyos ciudadanos fue muerto en el raid, ya se empieza a hablar abiertamente de que la relación con Israel es a esta altura más una carga que una alianza estratégica. A raíz de la masacre de la flotilla, el escritor y académico estadounidense de origen judío Norman Finkelstein describió a Israel como “un estado delirante armado con entre doscientas y trescientas bombas nucleares”. Finkelstein describe en estos términos a una sociedad blindada, dirigida por una clase política sociopática y peligrosa, llena de soberbia e impunidad, que cree únicamente en el uso de la fuerza como argumento político y no está dispuesta a hacer ninguna concesión, ni siquiera a Estados Unidos, país del que técnicamente depende en casi todo, para lograr la paz que dice ansiar. © Noticiero Visión Siete/ TV Pública/ Argentina Sábado 5 de junio de 2010/ Redacción: Francisco Ali-Brouchoud/ Editor: Luis Simonetti/ Visión Siete Internacional/ A los crímenes de guerra cometidos al bombardear a poblaciones civiles refugiadas en escuelas y hospitales con fósforo blanco, misiles y bombas de fragmentación, durante su ofensiva contra la Franja de Gaza de diciembre de 2008, como lo probó más allá de toda discusión el informe Goldstone, el estado de Israel acaba de sumar otra serie de crímenes injustificables: piratería, masacre y secuestro de cientos de personas. |
| Last Updated on Sunday, 06 June 2010 22:48 |







