Torturador y espejo Mario Benedetti Mírate así qué cangrejo monstruoso atenazó tu infancia qué paliza paterna te generó cobarde qué tristes sumisiones te hicieron despiadado no escapes a tus ojos mírate así dónde están las walkirias que no pudiste la primera marmita de tus sañas te metiste en crueldades de once varas y ahora el odio te sigue como un buitre no escapes a tus ojos mirate así aunque nadie te mate sos cadáver aunque nadie te pudra estás podrido dios te ampare o mejor dios te reviente.
Para quienes resistimos desde la academia al bussismo nos es inevitable referirnos a la desaparición física del represor Antonio Domingo Bussi. Su muerte produce una doble sensación de alivio y de ahogo al mismo tiempo. Alivio porque el aire se torna menos contaminado. Se ha ido para siempre un genocida, un asesino serial, un criminal, un dictador, un represor… todos títulos que le caben a Bussi. Pero por otra parte fue ido sin decir dónde están los desaparecidos que él mismo hizo desaparecer, se fue sin recibir el ejemplar castigo que merece, se fue al abrigo de los suyos y no esperando a la parca en una fría celda carcelaria que es donde los criminales carniceros y genocidas deberían acabar sus días.
Los desaparecidos que se buscan con el color de sus nacimientos, el hambre y la abundancia que se juntan, el mal trato con su mal recuerdo.
León Gieco
El 16 de septiembre de 1976 ha sido secuestrado y desaparecido Juan. Es la misma fecha en que ocurre la “Noche de los Lápices”, en la que jóvenes estudiantes secundarios de la ciudad de La Plata fueron secuestrados por los grupos de tarea. La historia de Juan es la historia de los 30.000 desaparecidos. La historia de Juan sin embargo alberga sus propios significados. Juan ha sido secuestrado de la propia universidad cuando rendía un examen. Juan era “belicho” pero había hecho de Tucumán mucho más que su lugar de estudios. En Tucumán, Juan militaba, como militaban cientos de estudiantes de su época, militancia de una juventud que se veía contagiada por una agitación juvenil mundial y que en nuestro país había alcanzado dimensiones particulares a partir de los Cordobazos o los Tucumanazos. Pero además, la militancia de la juventud “setentista” en la que estaba involucrado Juan, era una militancia por el compromiso de esa generación por construir un mundo mucho más equitativo.
Última actualización el Jueves, 24 de Marzo de 2011 02:35
Una vez más la memoria de los desaparecidos nos interpela
Los sentimientos son contradictorios: “Es una tristeza que me robaran tiempo de estar con mi madre, pero una alegría el saber dónde está ahora”
Hace un poco más de un año escribía un artículo en el cual sostenía que la memoria de los desaparecidos nos interpelaba. En ella narraba la historia de Juan Carreras, estudiante oriundo de la ciudad catamarqueña de Belén y miembro del cuerpo de delegados de la carrera de bioquímica, desaparecido en 1976, secuestrado de un edificio de la propia Universidad Nacional de Tucumán, por una patota a las órdenes de los dictadores que “gobernaban” entonces en la República Argentina.
Poco más de un año después, la historia de “otro” Juan y la memoria de los desaparecidos, vuelve a interpelarnos. Es 31 de diciembre de 2010, vísperas de un nuevo año y un mail llegado a mi casilla un par de días antes me evoca una vez más a la memoria y me convoca en el encuentro con Juan José Cazorla, hijo de Mercedes del Valle Morales, secuestrada y desaparecida por los genocidas en 1976. 34 años después Juan consigue que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) descubra, de los restos hallados en el cementerio del Norte, la identidad de su madre, y él mismo, pueda ahora, cerrar una historia que comenzó a indagar allá por el 2005. Hoy le cierra A Juan, un capítulo con la “triste alegría”, según sus literales palabras, de poder dar sepultura a su madre y tener un sitio dónde llevarle al menos, un ramo de flores.
Última actualización el Domingo, 02 de Enero de 2011 20:54
HAY UN VIEJO PODRIDO QUE QUEMÓ EL JARDÍN FLORIDO, Y TIENE UN HIJO IMBÉCIL CON LA CARA DE ASESINO (Ídolo de los quemados - León Gieco)
Como actor de drama: pésimo.
Como militar de la nación: Genocida
Como "macho argentino": Incapaz de hacerse cargo de sus crímenes
Como esperpento: Bussi
¿Cómo a alguien sin corazón puede dolerle el corazón?
¿Votaría Usted por Hitler?
Escrito por Rubén Kotler
Domingo, 21 de Febrero de 2010 12:49
Ilustración: José María Rodríguez Arias
El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detención y Torturas, la ex Jefatura de Policía de Tucumán, en el corazón del Noroeste Argentino. Los primeros tres días de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se calcula que el proceso abierto a siete represores de la última dictadura militar por el secuestro y posterior desaparición de 22 personas, podría extenderse hasta el mes de junio o julio. Lo que sigue entonces es una reflexión sobre qué se está juzgando habida cuenta de la avanzada edad de la mayoría de los imputados y ante una sociedad que mayoritariamente parece querer dar vuelta la página de la historia. La pregunta que disparará el presente artículo tiene que ver con la expresión de deseo, que parecen tener ciertos sectores ultra conservadores, que no se juzgue a los represores, alegando, entre otros motivos, su “aparente delicado estado de salud” y su "avanzada edad". SIGA LEYENDO EN DIAI AQUÍ También en KAOS EN LA RED /LVS / TLAXCALA / REBELIÓN / CODO A CODO / PCP
Última actualización el Martes, 23 de Febrero de 2010 11:51